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Cochinilla




La cochinilla algodonosa fue una de las grandes protagonistas de la economía tinerfeña en el siglo XIX. Este pequeño insecto se criaba en los tunos y al secarse, se usaba para obtener un tinte natural de color rojo intenso, la grana cochinilla, muy apreciado en la industria textil europea. Antes de la llegada de los colorantes sintéticos, Tenerife y otras islas se convirtieron en potencias exportadoras, sobre todo hacia Inglaterra y Francia. Aunque hoy su uso ha disminuido, sigue empleándose como colorante natural en cosméticos, alimentos y productos ecológicos.
Curiosidades:
La cochinilla fue introducida en Canarias hacia 1835 y rápidamente transformó la economía insular.
El colorante se extrae del ácido carmínico, presente en el cuerpo del insecto.
Su producción alcanzó su auge entre 1840 y 1870, antes del declive por la llegada de tintes químicos.
El cultivo de tuneras para criar cochinilla se concentraba en zonas áridas del sur de Tenerife y Lanzarote.
Aún hoy, el carmín natural de cochinilla se usa en productos como yogures, pintalabios o licores.
La cría y secado de la cochinilla se hacía a mano, con un cuidado casi artesanal.