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Piedra de La Rosa
La Orotava




Descubrir la Piedra de la Rosa, en las medianías altas de La Orotava, es encontrarte con una de esas sorpresas geológicas que no necesitan adornos. A primera vista, la roca parece una flor monumental tallada en piedra, con una estructura radial que recuerda a una rosa abierta justo en el borde del paisaje forestal.
Su origen está en un proceso volcánico tan potente como preciso. Al enfriarse la lava basáltica, la contracción generó fracturas internas llamadas diaclasas. En este caso, esas fracturas se organizaron de forma radial, dando lugar a una estructura que parece diseñada a propósito. No hace falta entender geología para apreciarla: basta con acercarte y observar cómo la colada se extiende como un enorme cuerpo pétreo hasta terminar de forma abrupta, mostrando su “inflorescencia” de roca.
El entorno refuerza la experiencia. El pinar y el brezal acompañan la escena, y el mirador permite contemplar tanto la formación como el paisaje volcánico que la rodea. En días despejados, el horizonte se abre y la sensación es la de estar ante una pieza clave del relato geológico de Tenerife.
Lo más curioso es que es un lugar fácil de visitar y aun así, pasa desapercibido para muchos. Probablemente hayas pasado cerca sin saber lo que tenías al lado. Cuando te detienes, entiendes que no es solo una roca llamativa: es una lección visual de cómo la actividad volcánica ha moldeado la isla con una mezcla perfecta de fuerza y belleza.
La Piedra de la Rosa no impresiona por tamaño, sino por forma. Y eso la convierte en uno de esos rincones que se recuerdan precisamente por ser distintos.


