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Titolo 4
Cabeza del Tejo
Macizo de Anaga




Cuando llegas al Mirador Cabezo del Tejo, tienes la sensación de estar en uno de los balcones naturales más espectaculares del macizo de Anaga. El mirador se encuentra dentro del Parque Rural de Anaga, en la zona protegida de la Reserva Natural Integral de El Pijaral, un entorno dominado por la laurisilva y por un paisaje que combina bosque húmedo, crestas montañosas y costa abrupta.
Lo primero que notarás es cómo el terreno se abre de repente hacia el océano. Desde este punto puedes contemplar gran parte de la costa noreste de Tenerife, con lugares muy reconocibles como el Roque de las Ánimas, el valle de Benijo o los caseríos de Almáciga, todo recortado contra el azul profundo del Atlántico. La sensación es la de estar mirando un paisaje casi intacto, donde las montañas cubiertas de vegetación caen directamente hacia el mar formando barrancos y acantilados muy marcados.
El entorno del mirador también tiene mucho interés natural. Aquí predominan especies típicas del monteverde de Anaga, como brezos, laureles y helechos, vegetación que prospera gracias a la humedad constante que traen los vientos alisios. Esa mezcla de niebla, bosque y altura hace que el ambiente cambie mucho según el momento del día: a veces el mirador queda envuelto en nubes bajas y otras veces se abre completamente, dejando una vista limpia hasta el horizonte.
Normalmente se llega caminando a través de senderos del parque, especialmente desde la zona de La Ensillada, en rutas que atraviesan algunos de los bosques de laurisilva mejor conservados de la isla. El paseo hasta el mirador ya es parte de la experiencia, porque el camino discurre entre árboles cubiertos de musgo, silencio y un paisaje que parece sacado de otro tiempo.
Cuando finalmente te asomas al borde del mirador entiendes por qué muchos lo consideran uno de los grandes miradores naturales de Anaga. No solo por las vistas, sino por la sensación de aislamiento, naturaleza intacta y escala del paisaje que tienes delante. Es uno de esos lugares donde el norte de Tenerife muestra su cara más salvaje y espectacular.



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Hacienda de las Palmas
Cuando llegas a la Hacienda de Las Palmas de Anaga, un antiguo caserio abandonado, sientes que el tiempo se ha quedado quieto. Estás en uno de los conjuntos rurales más antiguos de Tenerife, rodeado de barrancos, lo que un dia fueran viñas y silencio. Caminando por su patio central, ves los dragos, la piedra, la ermita anexa y entiendes rápido que esto no es una ruina cualquiera: es historia viva del norte de Anaga, cruda, auténtica y sin maquillaje.

